Cultura

La historia desconocida detrás del logo de El Corte Inglés

Álvaro Yuste rescata la figura de Francisco Castillo, el ilustrador que creó el icónico logotipo de la cadena española. Una historia que pocos conocen y que muestra cómo un dibujo simple puede convertirse en símbolo de toda una era.

Publicado el 26 de julio de 2026, 15:00 hs

Ilustración vintage del logo original de El Corte Inglés en rojo sobre fondo blanco
Gràffica

La mayoría de las personas que entran a un hipermercado de El Corte Inglés o ven sus bolsas rojas por la calle no se detienen a pensar quién diseñó ese logo tan reconocible. Sin embargo, detrás de esas letras elegantes y ese corte inglés tan característico hay una historia mucho más interesante de lo que parece.

Según relata el periodista Álvaro Yuste, el autor del logotipo fue Francisco Castillo, un ilustrador y publicista español cuya contribución ha quedado bastante olvidada con el paso de las décadas. Castillo no provenía de una gran agencia de publicidad madrileña ni tenía un estudio con decenas de empleados. Era un profesional que trabajaba con dedicación y oficio, de esos que pulían cada trazo hasta que quedaba perfecto.

El logotipo surgió en una época en la que El Corte Inglés estaba creciendo y necesitaba una imagen que transmitiera confianza, elegancia y cercanía al mismo tiempo. Castillo logró capturar todo eso en un diseño que, con leves ajustes, ha perdurado durante más de sesenta años. El rojo característico, la tipografía serifada y ese sutil “corte” que simula una tela bien cortada son elementos que todavía hoy se reconocen al instante.

Lo interesante del relato de Yuste es que rescata a un creador que, como muchos ilustradores de su generación, quedó en segundo plano frente a la marca que ayudó a construir. Francisco Castillo no buscaba la fama personal; se dedicaba a resolver problemas visuales con claridad y buen gusto. Esa actitud es algo que muchos ilustradores y diseñadores de hoy podemos recuperar: poner el foco en el trabajo bien hecho más que en la autoría visible.

Desde el punto de vista técnico, el logo destaca por su simplicidad y escalabilidad. Funciona tanto en pequeño (en una etiqueta) como en grande (en la fachada de un edificio). Eso habla de una comprensión profunda de la composición y del peso visual de las letras, algo que Castillo dominaba gracias a su formación como ilustrador y su ojo entrenado en el dibujo publicitario.

En un mundo donde las marcas cambian de imagen cada pocos años para parecer más modernas, el caso de El Corte Inglés resulta casi excepcional. El logo creado por Francisco Castillo ha resistido modas, crisis y cambios generacionales. Eso no sucede por casualidad: sucede cuando el diseño parte de una idea sólida, bien ejecutada y coherente con los valores que la empresa quiere transmitir.

Para quienes nos dedicamos al character design o al branding, esta historia tiene varias lecciones concretas. Primero, que un buen logo no necesita ser complicado ni estar lleno de detalles. Segundo, que entender el contexto cultural y comercial del cliente es tan importante como dominar la técnica. Y tercero, que muchas veces los mejores trabajos terminan siendo anónimos, y está bien que así sea si el resultado cumple su función.

Si estás empezando en ilustración digital o en diseño de marcas, vale la pena mirar este tipo de ejemplos clásicos. No para copiarlos, sino para entender cómo se construye durabilidad visual. Procreate, Photoshop o Krita son herramientas fantásticas, pero ninguna reemplaza la capacidad de resolver un problema de comunicación con claridad y elegancia.

La recuperación que hace Álvaro Yuste de la figura de Francisco Castillo sirve también como recordatorio de que detrás de casi todos los símbolos que nos rodean hay una persona real, con sus lápices, sus dudas y sus aciertos. En un momento en el que todo parece generado por IA o por grandes equipos corporativos, volver a mirar estas historias humanas del diseño resulta especialmente valioso.

Si te dedicas al arte visual o estás pensando en cómo presentar tu propio portfolio, fijate en cómo un solo dibujo bien pensado puede acompañar a una marca durante décadas. Ese es el nivel de impacto al que vale la pena aspirar.

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